Volar con los pies en el suelo

El arte de vivir el teatro

Mi vida en el teatro ha sido un poco como la de aquellos antiguos cómicos, los Lazy, que ya existían en la Roma imperial. Salían a escena borrachos de vino y de inspiración, mezclando fragmentos de unas obras con otras, saltando del argumento para contar un cuento y, tal vez, no volver jamás. Eran parientes lejanos de los bufones de Shakespeare y de los graciosos del Siglo de Oro. O los amaban o los detestaban, pero nunca podían renunciar a su don.

Así he sentido yo también este oficio: resistir, mantenerme firme frente a los embates del tiempo y volar por encima de todo —de la crítica de los listos, de la opinión de los tontos y de los límites que quieren imponernos quienes creen tener un cachito de poder—.

Cuando me planto frente al público no sé exactamente qué va a suceder, pero lo descubro en ese instante, sostenido por las columnas sagradas del templo: el repertorio clásico, “el repertorio de siempre”, y los nuevos disparates del tiempo. De esa mezcla nace un juego explosivo que me devuelve el paraíso perdido: jugar como un niño, jugar, jugar y volar…

Nadie sabe qué puede ocurrir en cada función. Lo que sí es seguro es que, juntos, compartiremos una velada de humor, complicidad y emoción.

RAFAEL ÁLVAREZ, EL BRUJO

Cuadro Artístico
Dirección: Rafael Álvarez
Escenografía: Equipo Escenográfico PEB
Iluminación Miguel Ángel Camacho
Creación musical: Javier Alejano
Vestuario: Georgina Moustellier
Fotografía cartel: Chicho

Equipo
Directora de Producción: Herminia Pascual
Ayudante de producción: Ana Gardeta
Jefe técnico: Oskar Adiego
Fotografías: Pepe H
Cartel: Óscar Larriba
Marketing digital: Xatcom.net
Distribución:
Gestión y Producción Bakty, S.L

Duración: 95 min (con intermedio)

Una cura de clásicos

Volar con los pies en el suelo

Lo he visto en multitud de ocasiones y ninguna tan buena como la del otro día en Almagro. Se sabe por encima del bien y del mal y de lo que los críticos digan. Al fin y al cabo, como él muy bien decía al final del espectáculo, lo importante era la emoción que se generaba del escenario al público y viceversa. Arreó a todo bicho viviente, como ha de hacer un buen cómico… Y, fundamentalmente, recreó los clásicos a su manera y subrayando su determinación.

Javier Ruiz

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