Esquilo, nacimiento y muerte de la tragedia

Cualquier obra que interpreta Rafael Álvarez «El Brujo» desde hace muchos años, también este «Esquilo», habría que acomodarla a la hibris, pero no al concepto clásico, sino a una hibris teatral, en la que la desmesura, o el estilo propio, no es el límite impuesto por los dioses del teatro, sino la transgresión de esos límites sin volverse loco. Ahí podemos situar la pregunta insistente e intermitente en la obra que va calando en el espectador: ¿quién soy yo?

El Brujo, Esquilo y los demás

Así es que cuando yo diga aquí ‘Esquilo’, esta noche, Esquilo ya no será más Esquilo. Ya no será el personaje histórico: Esquilo, autor de tragedias. Esquilo será un espíritu: eso nos cuenta El Brujo. Su enseñanza para las generaciones por venir, escribe Rafael Álvarez, es que las cosas que tenemos, aquí se quedan, «pero el significado es una creación del espíritu y el espíritu es imperecedero».

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