Autobiografía de un yogui

El Brujo, en su salsa, bailando en Jerez

Bailando en la cuna de las bulerías y sin poner los pies en el suelo. Así pasó El Brujo por Jerez. Sin que seamos eruditos en el yoga ni en lo que ese tipo de filosofía de vida supone, un acercamiento a él, a través de una puesta en escena original, y un libreto abierto al sarcasmo, la ironía y la meditación, es como realizar un máster con título oficial sobre las incongruencias trascendentes de nuestro mundo tamizadas por una forma de entender la energía humana.

El karma tira al monte

“Como se me olvidó hacer parte del principio de la obra, la represento ahora”, dice Rafael Álvarez, El Brujo, pasado ya el ecuador de Autobiografía de un yogui. Y va y mete a capón pero con garbo la escena omitida. Durante su relato giróvago, el actor elisano nos lleva de Lucena a Benarés, de la infancia de Paramahansa Yogananda a la suya propia, de la India de los vedas a la sesión parlamentaria donde se votó hace unos días la ley de secesión catalana. “Me he perdido”, ironiza, desatando la carcajada general.

 

Autobiografía de un yogui llamado Brujo

Este humor es un guiño de comprensión, una necesaria actualización de la verdad universal de lo expresado por Yogananda: la verdad es aquí y ahora, un fin de semana cualquiera. Y el público agradece que se comparta este hecho y todos los hechos.

 

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