La estrella de la Navidad

Navidad

El espíritu de la Navidad es una estrella. La de los reyes Magos de Oriente. Ellos son reyes, magos y de Oriente. En la antigüedad el Rey y lo Real (o regio) eran representaciones simbólicas de la verdad: lo que es real. Lo que es verdad. Lo que no cambia. El centro de la vida. La personificación de ese concepto es el Rey.

Cuando Pilatos le pregunta a Jesús: “Dicen que eres Rey de los judíos… ¿Es cierto?”. Jesús contesta: “En efecto… he venido al mundo a dar testimonio de la verdad.” Así es como Jesús asocia la realeza con la verdad. Pero Pilatos pregunta después: “¿Qué es la verdad?” Y Jesús baja la cabeza y su silencio es la respuesta. A Jesús no le gustaba el debate intelectual, especulativo, porque sabia que eso es algo que en realidad no lleva a ningún sitio, como se puede apreciar los sábados en el programa de La Sexta. Jesús sabe que el que “es de la verdad” entiende los enigmas de su lenguaje. Y punto. Así es que Pilatos que quería cháchara se queda frustrado.

Los reyes son magos. Pero la magia en la antigüedad no estaba relacionada con trucos de cartas. Era una ciencia. Se trataba del conocimiento de las leyes ocultas de la naturaleza. Y la ciencia era también una filosofía. Se llamaba la “filosofía natural”. Un mago era un sabio que conocía los resortes de la naturaleza para transformar las situaciones adversas en situaciones propicias. Y ese conocimiento era más bien intuitivo y no tanto intelectual y especulativo. Los magos eran sabios.

Y los Reyes Magos, por último son de Oriente. Oriente era otro símbolo poderoso. Era el “símbolo” por excelencia. Del Oriente viene la luz del sol, que reverenciaban los egipcios como principio generador y regenerador de la vida. Oriente es el espíritu. Por eso dijo Dante de San Francisco de Asís que con él, en Europa, “un nuevo Oriente nace”. Y es verdad que San Francisco de Asís, santo y poeta, ilumina como un sol el fin de la noche medieval europea. Y allí está puesta en italiano antiguo la frase de Dante sobre la fachada de la casa, donde nació el santo en Asís.
 Por lo tanto los reyes magos tenían lo suyo… y no es poco… pero aún así seguían fascinados a una estrella… qué no sería lo que representaba esa estrella para ellos. Era la estrella de un avatar.

Avatar es una palabra sánscrita que significa descenso: lo que está arriba viene y nace aquí abajo.
 Así es como el espíritu desciende sobre el universo natural. Los reyes magos sabían que ese era un acontecimiento cósmico prodigioso. Y lo sabían porque eran sabios y magos. Habían leído en el cielo los signos de esa operación de alquimia suprema, a través de la cual la vida natural se hace luminosa y amable por el espíritu de la estrella de un avatar. Por eso la seguían y caminaban mirando hacia el cielo en la noche. Iban a reverenciar a una estrella. La estrella después es el niño. El remate: la sabiduría es inocencia. El amor que desciende sobre el polvo y los furiosos metales del mundo. Eso es la navidad. El amor es un niño. Y el niño un avatar. Feliz Navidad.

Rafael Álvarez

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